Forzosa sangre
Ada M. Alvarez Conde
Prof. Virella
para: 4 de octubre del 2005
Forzosa sangre
Hay una corona de espinas que todos adoran en nuestro hermoso Puerto Rico. Sí, la mayoría aprecia el sacrificio. Es cierto, la violencia, a veces es sinónima de momentos heroicos. Sí, Jesucristo, mayor exponente del amor al prójimo en su testimonio de vida, fue testigo en carne propia de las flagelaciones; el maltrato, aún cuando perdonó al más pecador. Hay una diferencia, la sangre de Jesús fue planificada, escogida. ¿Qué debemos pensar cuando es una forzosa sangre?
No estoy igualando a Filiberto Ojeda Ríos con Jesucristo. Ahora, la sangre escurrida, es sangre. El rojo río de vida que ambos en algún momento tuvieron, me hacen reflexionar sobre este individuo que ha revolcado a mi país. Hay una diferencia entre ellos dos, Filiberto no creía en dar la mejilla. ¿Quién determina el momento idóneo para escurrirla? ¿Qué fue lo que pasó?
El FBI de Estados Unidos de América lo mató. Filiberto Ojeda Ríos, fue asesinado el 23 de septiembre del 2005. La sangre de este líder Machetero se ha quedado en el filo del pueblo y su intolerancia. Me gustaría pensar que esta acción, este asesinato, no viene de Estados Unidos. Esta nación que me ha librado del aburrimiento con sus programas; que ha dejado volar mi imaginación, con Disney; que me ha dado una de las comidas más dañinas, pero más ricas (los “fast foods”); que me ha ayudado a pagar mi Universidad, con una beca. Es todo un sueño, la democracia que tanto profesan, para mí a muerto. Adiós a la imaginación que invocaba Barney en su tierra. No veo en ellos pedazos de paz.
He tratado de mostrar mi decepción hacia este Judas, profeta de la “democracia”. Trato de expresar mi enojo; porque considero que abusaron. Dejaron morir a un puertorriqueño desangrado y no le dejaron escoger, ni tener el mismo proceso de ley que cualquier otro. Le aplicaron la pena de muerte, cuando eso aquí no lo permitimos. Ya la situación exige que uno analice su estatus. Aquí, Estados Unidos, manda más; y desgraciadamente han matado a un ser humano, como tantos que matan en Irak actualmente, sin el debido proceso. Lo peor, que hubo sangre, hubo un sacrificio. Lo mejor, que esa sangre de Filiberto Ojeda Ríos, se ha escurrido en los pocos pensamientos patrios y nacionales que tiene nuestra mente; a veces comida por sueños del Norte, por cupones, por un pasaporte.
Terminando con este pensamiento frustrado de la realidad que me asecha; la justicia, y la justificación en este caso es ciega. La utopía mayor, recae en mi esperanza de que el pueblo se levante. Que hable y que exija. Que Puerto Rico completo se contagie con el deber social y la tinta enjaulada de un bolígrafo. Que no se olvide de que no dejaron, por más de 24 horas, entrar a mis futuros colegas, los periodistas. Que la información fue detenida, en una cárcel de incertidumbre; junto a nuestro calabozo de opciones. Un líder (querido o no querido), ha dejado su sangre en la puerta de su casa. En una fecha irónica, lo han matado.
Puerto Rico busca su libertad. El verdor que caracteriza mi país, me invita a defenderlo. Las franjas de mi bandera, rojas como su sangre, valen más que una simple estrella que se añadiría a 50. No busquemos más números, cantidades, oportunidades, excusas. Lo que no se ha dicho es lo incierto. Hubo una sangre forzada y es nuestra labor defender la vida. Puerto Rico entero se convierte en periodista. El FBI anda prófugo de la respuesta.
(Esto salió en www.wikeo.com)

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20 Febrero 2006 | 05:34 PM