Crónica de una suerte echada….

La confusión y el miedo son el diablo. La soledad abrumadora de perder un te amo es más fuerte que el dolor de cabeza que asecha a los que no han comido. El dilema y los caminos se dividen como tajantes sís o nos que llevan el destino. Todo comenzó con el sushi. Como pescado crudo comencé a ver y sentir a quien tenía de frente a esa nueva especie de alimento. Sentada de la misma manera, siete meses después abrumadores por la duda y el silencio. El recuerdo de quien primero me dio un beso con deseo baila entre sus palabras y son esquivadas por sus ojos. ¡Repugnancia! ¡Dolor! ¡Angustia! Estoy agarrada, amarrada con sus manos, atada y esposada sin llave ni escapada. Qué silencio, que infierno interno. Sus manos que me acarician y besan la piel, su boca hiriente y sonriente a la vez me penetran. Maldita confusión. Las alas que necesito están en su pantalón. Las caricias que he deseado están en su obsesión. La libertad que exijo termina en la mesa donde una vez me besó. Y en la fortaleza de la decisión, tiemblan las piernas al pensar en la soledad. El arrepentimiento se vuelve entonces un compañero más del fantasma galardonado. Qué voy a hacer sin él ; lo pierdo. Escojo perderlo, y a la vez obtenerlo, retenerlo con la memoria triste de un simple te quiero. Prefiero vencerlo, matarlo, cambiarlo, transformarlo y quemar a quien me ha quemado. Qué hago. ¡Que qué hago! Si al dar un sí me alejo, digo un no te dejo. Si doy un te amo y no te beso. Si en mi mente estás presente en el silencio de lo que no he dicho que me duele. Que me duele que me ates y me ames al mismo tiempo. Que me duele que me amarres y no emprenda el vuelo. Que me molesta darte alas cuando yo las tengo y no las uso todavía. Diablo traicionero, quemazón en pleno invierno, beso de un muerto. Qué hacer si no te merezco, si no me mereces si busco no tenerte y por eso no te tengo.
