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La Coctelera

Ada M. Alvarez Conde

Este es mi nombre, mi marca, mi huella. Ya mostraste interés y por eso es mi deber dejarte saber quién soy. Esto es categorizado -R- no es restringido, sino REAL.

12 Agosto 2006

Muerte

Ada M. Álvarez Conde
11 de mayo del 2006
Profa. Milagros Acevedo
Copu 4001-002

Muerte

Tenía la certeza de que la crónica sería un éxito para mí. Emocionada por la última tarea de clases, se acercaba la hora de saber qué día se entregaría. Ese amor por la escritura y la libertad en las letras de la crónica, me hacían sentir como si no tuviera ningún peso. Pero, las palabras de la Profesora volaron como ametralladoras apuntando a mi cintura y se revolcaron los sentidos al escuchar los temas. Enfrentaría de una manera u otra la muerte.
“Anteriormente mandaba a los estudiantes a ver autopsias, pero ahora es ilegal”, continuó diciendo, mientras que mi mente se revolcaba en pensar en que si hablaba de muertos cogería cualquier otra opción. Tenía dos: ver a una persona infectada con el virus del SIDA, que estuviera en un centro de cuidado o la preparación de un cadáver. En mi cabeza comenzó un gran dilema que me retó de manera singular. Los cadáveres siempre habían sido mi mayor miedo, pero al parecer lo era la muerte.
Como con pesas en las manos recibí el papel que certificaba que era estudiante de periodismo y que debería hacer una asignación. Con ésta el permiso de entrar a alguna funeraria. La Oficina, más grande de las que había visto, rellena de papeles y de fotos parecía ser un preámbulo a lo que quisiera hacer con mi vida. Al salir de allí, el pasillo blanco reflejaba las luces como un túnel hacia la muerte que me dirigía a una puerta gris y sobria. Al salir de allí sabía que debía tomar una decisión que no era muy fácil.
Pensé en contactar a los centros de cuidado del SIDA, pero no lo hice. Con el pecho apretado decidí tomar la decisión más difícil que he enfrentado en mi vida. Mi novio al escuchar la misión que emprendería se mostró entusiasmado y me dijo que si en verdad le tenía miedo que fuera con él. Mis sentimientos cambiaron instantáneamente, mi miedo había hecho de mí una cobarde y la falda que llevaba puesta parecía reclamarle que necesitaba un protector y me molesté. Como un fuego interno saqué el coraje de decir que si iba, iría sola, porque ni él ni nadie podrían detener mi futuro como periodista y en esa carrera al parecer, habría muchos muertos.
Desorientado por mi reacción, no mencionó el tema más. Como si fuera una niña de puntitas, tratando de esconder el sonido de los pasos comencé a buscar algunos números de funerarias. Rezando de que ninguna me contestara conseguí una en Santurce que podría hacer conmigo una excepción. “¡Maldita sea!” pensé. Nunca he visto un muerto en mi vida y si viera alguno por primera vez sería en el proceso de “arreglarlo”. Comoquiera, por la lentitud que tomé en el proceso debería ir allí porque si no fallaría mi tarea.
La Metrobus I en la que viajaba desde la Universidad a mi casa, en ese momento, era mi ataúd de recuerdos. Cuando tenía 14 años me tenían, por segunda vez que operar de corazón abierto. Mi abuela fue la primera de mi familia en fallecer dos días antes. No me lo dijeron hasta luego de dos meses, a pesar de que un día en el hospital comencé a llorar diciendo su nombre. La secretaria de mi mamá me comentó que mi abuela nunca se había visto mejor, que estaba en un traje azul, bien maquillada y radiante. Como si sus años de modelo en Cuba la hubieran perseguido luego de tanto tiempo en su tumba.
Caminando ya hacía la Funeraria traté de aguantar el nerviosismo y pensé que si ellos arreglaban cadáveres, por algo era. Mi abuela entonces se convirtió en el sostén y el empujón para seguir caminando. Como con una soga halada de la cintura, la Funeraria estaba a la vista y mi paso, como si el bulto pesara el triple de las libras de mi cuerpo se acercaba. Estaba frente a la funeraria, sabiendo que con toda intención la Profesora recomendó no ir a esas, porque lo negaban.
Al abrir la puerta de color madera, parecería ser que me consumía. Al entrar vi algunas sillas regadas con losetas negras con algunas pintas blancas. El olor parecía ser de residuos de “spray” con olor a flores, pero era seco como el cuero. Parecería ser que mis sentimientos se mezclaban como el agua y el fuego mientras veía los detalles. Caminé al escritorio donde aquella Señora esperaba con letargo, al parecer pensando, quien se había muerto ahora. “¿Podría llevarme esta libreta verdad?” Como quien no sabe qué está pasando, me preguntó quién me había atendido, porque eso no era como yo pensaba. Le mostré la carta.
Al parecer Dios escuchó todas mis oraciones de fortaleza y me dio una bofetada con eso. Parecía ser que definitivamente no se podía y fue entonces cuando sentí algo cerca de la locura. Ya era muy tarde para ir a otro sitio y la nota parecía esfumarse como quienes se creman ahí. Al salir, parecería ser que para el cielo tenía una marca imborrable de cobarde por más tiempo. Sería ahora incierto el día en que enfrentaría la muerte de nuevo. “¿Qué me pasa?”, pensé.
Quizás el haber pasado por la muerte, no te hace fuerte ante ella sino más sensible. Al parecer el tiempo que estuve sin vida en la sala de Centro Médico en el 1995 con mi primera intervención fue traumático. Quizás para la próxima buscaría historias que igual que la mía parecían locas. El túnel que una vez vi, parecía ser el camino a mi casa. Un túnel y una luz con regreso y cobardía. No quedaba más que aceptar, con la cabeza mirando hacia el suelo, que la muerte me venció después de todo, y la cicatriz que llevo y esta crónica me recordarán siempre que hoy fui una víctima del miedo.

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Ada M. Alvarez Conde

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Estudiante doctoral, graduada con una maestria en periodismo investigativo y bachillerato en la Universidad De Puerto Rico, con una certificacion en estudios de Genero. Hija de una abogada, Ada Conde; y un periodista exiliado cubano, Fermín Alvarez. Mi pasiones son las letras, la música y la educación. Muchas cosas de este blog ayudaron a hacer mi libro Mudanza Constante. El primer libro, Lo que no dije, es una fundación que combate la violencia domestica a través de la prevención de la violencia en el noviazgo. Esta es tu opotunidad de conocerme, de preguntarme, de tirarme al medio y retarme. Tengo una misión y me encantaría saber cuál es la tuya. Deja tu huella y no olvides que si estás aquí es por algo. Gracias por visitarme: free web counter
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