Acostada en el costado

Octubre 3, 2008
Acostada en el costado,
como un muñeco armado,
con la mano estirada,
y el brazo adormecido,
sirve de almohada,
a mi torso enfurecido,
que toca tambores,
aparentando estar dormido.
Así encajado,
como un rompecabezas,
parecería que tenerte,
es igual a encontrar la pieza.
En el silencio de la noche,
el recuerdo de tan dulce del silencio,
a tu lado,
todo callado.
Y en lo lejano un viaje,
pasado y planificado,
rosas muertas en la cama,
islas griegas en el barco.
Qué será de la fantasía,
del pedazo de carne disfrazado de espíritu,
que se asoma en la ventana,
para recordarse del grato momento del silencio que había,
y que ahora no hay,
por otras razones.
La voz mata el sueño,
el silencio sólo se vuelve un sutil deseo,
fugaz pero majadero,
por su cruel insistencia.
