El regreso
Se disponían a ver una película, con la intención de no tener que hablar mucho ya que esos cuatro años dispersados en llamadas eran olvidadas en el momento. ¿Fue acaso cierto que uno de los dos se rindió, o fue aquel ser extraño que se desarrollaba con las experiencias adquiridas con el tiempo el que hizo que no estuviéramos juntos?
“Van seis años”, repetía la voz interior que aparentaba estar más conectada con la cabeza que el corazón. “Nunca te dejé de amar”, “no lo puedo creer”, “cómo te extrañé”, decía el apasionado beso que comenzaba como si no sintiera más dolor la ausencia y la espera.
Ella sólo quería tomarlo en los brazos, aquel simple y bello anillo dorado en oro que le fuera concedido a sus 16 años seguía guardado en esa cajita. No importaba a dónde se fuera, el anillo la seguía. No fue hasta que hubo un cambio de estrategia, directo del cielo, revestido en suerte, que ella disponía a pensar que no era posible el reencuentro. En lo mejor de los casos, era parte del destino el que se encontraran. En el peor de los casos, ya era muy tarde. “Quizás he llegado hasta aquí para ponerle por fin un punto final a esto”, decía él. “Quizás el destino es que no terminemos juntos”. Al salir estas palabras, ella comenzó a llorar sin saber por qué, su corazón se endureció y los latidos movieron su pecho.
Ella cierra los ojos. La música se escucha a lo lejos, saliendo de las bocinas gigantes que adornan la sala de su nueva compartida casa. Ella saca su libreta, se le aguan los ojos, trata de sentir algo. Colapsa. El bolígrafo aparenta ser muy pesado, la libreta cae al piso a lo que sin dudarlo cae de lado hacia la cama. Respira profundo y cuando exhala el aire tiene un movimiento brusco causado por su corazón dolido y atemperado por la angustia. “Yo tengo el poder de decidir”.
Acaso el nuevo, el que parecía ser un ángel vestido de ternura y de casualidades encontradas para el mejor pareo-¿valía la pena? ¿Tanto como para rechazar a aquel que nunca abandonó la cabeza y el pecho? Acaso lo que no abandonó la cabeza fue el fantasma porque se fue. Acaso será posible, que aquel que salió por la puerta del 71Y había vuelto, como una vez dijo que lo haría.
Entonces, ese es el problema. Ella es la perfecta, según él. Tiene todos los atributos. Es una mujer luchadora, sabe cocinar y lo que no sabe lo averigua. Es muy complaciente y sus curvas no pueden cambiar mucho porque sino se deteriora y marchita, como la flor con la que él la compara. Los ojitos de ella reflejan el doble que la compone: La niña que sale por el día, inocente y bondadosa, que se convierte en mujer apasionada de noche, aventurada. Aquella que refleja su ser libre, atado. Siempre, pendiente de un hilo, de un anillo. Ella es su propia tinta enjaulada.
