Ligera de equipaje
A dónde se va la decisión, la voz, la palabra cuando no hay nada que decir. Cuando la mente se apodera del viento que suavemente se desliza por las cuerdas vocales. Las notas melodiosas expresan un lamento inexplicable. La lengua se vuelve pesada mientras el miedo y el coraje se guardan en los bolsillos. Por ahí anda su mirada aceptándola tan cual es, sin dedos que señalan, sin condiciones. Pero en su piel kilos de peso de más por consumir galletas de culpa, por no quererse ver en el espejo.
A donde va la niña vestida de seda, la muñeca de trapo, la figura de gala. A dónde va la niña vestida de blanco sino al rincón oscuro de la casa para sentarse frente a la libreta. A dónde va la niña por respuestas sino a la biblia cuando el cielo se derrama sobre ella, a la tierra cuando siente que ha fallado. A dónde va la Magdalena, que ama a todos para que el mundo la ame. A dónde va el deseo innato de explorarlo todo, de la conformidad, del miedo, a dónde se va la valiente, sino detrás de un mensaje de texto que promete el tiempo consumido en quehaceres.
En dónde queda la lujuria, si está motivada por el deseo innato de compañía, de la caricia, de la risa. En dónde se queda el corazón roto, por nadie más que por ella misma, por la huida constante de la alegría, por el constante apego motivado por el grito de ayuda hacia el afecto. En dónde se esconden los papeles y las guías que muestran cómo deben ser las cosas, dónde se van las instrucciones cuando el corazón no funciona. Y al final qué queda sino uno, para aguantarse lo que venga, para entender que es uno en muchos y que todo no es perfecto. Entonces, valdrá la pena agarrarse a una lucha furtiva por los sueños, o dejarse ir a la vida, para ser gitanas de su efecto.
Y qué es la verdad, sino lo que ocurre irremediable. ¿Acaso la duda no cabe en la verdad? Y ¿como se detiene? Cómo es que el monstruo furtivo de la noche se escapa por la puerta dejando rastros y aún así no se detiene. Cómo es que los libros se abren en las páginas correctas y nadie entiende. Cómo es que las señales de peligro se confunden con la alegría de la pregunta del quizás nunca resuelta. Y cuándo, cuándo acaso acaban las preguntas. Cuándo acaso la piel no pesa. Cuándo acaso en el camino la sonrisa se dibujará en el cielo. Cuándo acaso la luna llena representará un nuevo día. Cuándo acaso la siesta llegará sin pesadillas. Cuándo llegará el día en donde el sol pinte sus mejillas y el viento peine su cabello. Hasta cuándo sus pies se cubrirán de zapatos para protegerla de más tropiezos. Cuándo en el viaje por el mundo se encontrará la niña libre de culpa, de miedos, de condenas, libre por fin: ligera de equipaje.

ipsurs dijo
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6 Diciembre 2010 | 08:09 PM