Sin tiempo.

 

Sin tiempo bailaba el beso que surgía de tu boca.

 

Sin ataduras salían las palabras que no te pedía,

pero que abonaban a la semilla que sin querer,

quedó fertilizada en mi pecho.

 

Adentro, muy adentro,

quedaba la pérdida del pudor,

y el reconocimiento,

a la conquista,

la puerta no planificada,

que se abrió quizás en el momento no indicado,

pero sí perfecto.

 

Sin tiempo baila mi cuerpo en la inercia,

de la caricia dormida en el espejo vacío,

en la sombra de la sombra,

de tu caricia lejana.

 

Sin calendario futuro,

en un pasado febrero,

quedaron muchas cosas eróticas y exóticas,

esotéricas y caóticas,

que retumban en la memoria física,

de todas las cosas posibles-irónicamente-,

con la caricia de tu pelo.

 

Queda la huella,

de tu sutil caricia,

del cambio climático repentino,

del mar calmado y su furia,

de la brisa y el tornado,

del sol y sus incendios,

de la lluvia y las inundaciones,

a la sequía,

del placer y el dolor,

sin saber,

cuándo ni dónde,

terminará.

 

¿Alguna vez fue cierto?

¿Cómo es que construiste,

sobre la arena el castillo,

que luego se quedó solito,

combatiendo al viento y la marea?

Si al menos supiera que fue cierto,

si al menos,

sin tiempo,

supiera...

 

Que lo que no fue planificado,

terminó siendo el plan perfecto.