Mudos
Te confieso,
que hay un vapor expulsado
por el exceso,
de feromonas que andan en retroceso,
al momento primitivo,
de la sobrevivencia,
pero se queda cautivo ante el minuto del primer beso.
La zona erógena
no es otra cosa que un mapa sin rumbo
entre el cuerpo de tu mundo,
desde el dedo que deslizo por tu mano
que pasa por tu cabellera
y termina con tu lengua de frontera.
Es otra cosa,
descansamos en la oscuridad del momento,
sin dejarnos llevar por la biología,
sino la anatomía del abrupto encuentro
que recorre tu alma y la muestra contra la mía
como en un espejo.
Es el sueño del deseo,
la silueta con ropa de tu ser,
que nos hace ante todo reflejar
todas nuestras cicatrices,
mientras sepultamos todas las culpas
y navegamos sin directrices.
Son tus ojos mi refugio,
es tu boca mi mejor poema,
es mi respiración contra la tuya
la canción de tu nombre,
el mejor flamenco.
Hagamos con el ambiente que nos rodea,
Un mar de rosas sin espinas,
que flotan ante el silencio
de la química de nuestros fonemas.
Entonces, cuando la desnudez
que tenemos se deslice suavemente
al escape de las circunstancias,
tómame como tuya
respira y jadea mi entrega
en nombre de la noche
del espejo y de la vela,
los testigos impunes de la caricia única.
Dejamos el instinto para ser distintos,
y con eso plantamos las inevitables raíces,
de un encuentro físico vagabundo,
que se evapora en dos seres,
Que ante todo andan,
Vulnerables y desnudos,
Haciéndose mutuos,
Ante las sombras.
